Por Simón Litvak y Ricardo Cohen
Presidente y secretario, Kehilá de Tucumán

El regreso al hogar de Gilad Shalit marca el fin de un tiempo de perversa incertidumbre para una familia, un pueblo y una Nación. El género humano muchas veces nos depara sorpresas y en este caso la misma fue positiva, no obstante, se necesitaron 5 años de dolor y sangre para que un hijo regrese a su hogar. El caso Shalit, como seguramente será llamado desde hoy, puede llegar, como tema individual, a movilizar y catalizar un proceso complejo y errático como el de la Paz en Medio Oriente. El secuestro de este ciudadano/soldado demostró que la situación de beligerancia permanente sirve tan solo para aquellos que viven y se nutren de la misma. Es por eso que el regreso de este joven motivado por el esfuerzo de la paz brinda a esta región del planeta un aire fresco y esperanzador de Paz. Como Presidente de la Kehilá me sumo a los miles de hombres y mujeres que festejan esta feliz y promisoria liberación saludando a todo el mundo con nuestro tradicional y sentido Shalom (paz).